Mi ego está que va a reventar, de puro hinchado que anda. Ayer recibí la segunda invitación para que otra de mis fotos aparezca en una de las guías Schmap. En esta ocasión para Salamanca, que visité en septiembre de 2002. Como la otra vez, me mandaron un mensaje ofreciendo una url en la que debía aceptar las condiciones para la inclusión en la guía.
La foto en cuestión es la que hice a detalles de la fachada de las casa de las conchas con la recién estrenada Nikon Coolpix 5700.
Dentro del conjunto de relatos que llegué a terminar, pues muchos los comencé y nunca los terminé, hay uno al que le tengo bastante cariño. Se trata de ‘La gran cagada’.
Este relato lo escribí justo en una época en la que había retomado el hábito de visitar a Juan Manuel y a Irene. Ambos vivían en el barrio de al lado, a unos cien metros de mi casa, y los dos vivían en el mismo edificio, por lo que me acercaba a casa de Juanma y subíamos a darle la brasa a Jose y a Irene, pero en particular a Irene.
Dentro de una semana me reincorporo al trabajo. Como reza el dicho “del dicho al hecho hay un gran trecho” y, desde luego, las vacaciones no se parecen en nada a lo que tenía en mente. No me lo he pasado nada mal, aunque no como yo esperaba. Al final uno nunca logra desconectar, y menos de la familia. Pero menos aún de las decenas de gestiones que se van dejando pendientes hasta tener un rato.
Hoy domingo toca otra entrada en mi bitácora destinada a los jugadores casuales. En este caso para aquellos afortunados que poseyeron un magnífico e inigualable ZX Spectrum y quieran revivir momentáneamente aquellos tiempos. Como digo, estas entradas están orientadas a los jugadores casuales, que ven el jugar con ordenadores como algo sano a lo que no dedican más de una hora cada cierto tiempo. Sin embargo, si eres de los que viven para jugar o de los que necesitan reconocimiento social y solo lo encuentras en los mundos de fantasía al estilo World of Warcraft, dejándote horas y horas cada día para conseguir subir de nivel y, con ello, demostrarte que sirves para algo, entonces, si es así, esta serie de artículos no es para ti.
Si eres de esos que aprecian la vida sedentaria en su máximo esplendor y que adoran a su sofá de forma casi religiosa, sabiéndolo herramienta absoluta del perfecto hedonista, entonces casi seguro que también adoras los sábados tirado en él desperdiciando tu existencia mirando tu plasma de cuarenta y tantas pulgadas. Si eres de este tipo de personas, entonces me permito recomendarte algo en lo que desperdiciar unas cuantas horas, de forma que por un tiempo consigas la meta de ser algo más feliz, tal vez olvidando el sinsentido de tu propia existencia.
Mi aproximación al conocimiento de la tragedia aérea de anteayer miércoles fue rara, a falta de ocurrírseme otra palabra mejor. Rara vez veo las noticias en televisión (demasiado deporte y demasiado morbo, en general) y tampoco soy muy aficionado a escuchar la radio. De todo suelo enterarme en Internet, en los varios sitios de noticias a los que estoy suscrito, que van actualizando mi Google Reader.
En un momento dado, mientras revisaba varios correos de trabajo, mi mujer se acercó a mí y me comentó que había habido un accidente de un avión de Spanair que había despegado de Madrid con destino Gran Canaria y que había tenido que volver a aterrizar por un fallo en uno de los motores.
El documental comienza contándonos, de forma breve, la historia de los inicios del budismo en China y el renombrado templo o monasterio de Shaolin (página oficial), ubicado en la Montaña Song Shan (provincia de Henan). Hace un repaso, también breve, a la figura de Da Mo o Bodhidharma, quien se dice padre el Kung fú (sí, sí, aunque no te lo creas, no fue David Carradine el padre de este legendario arte marcial).
Hace ya unas semanas leí que Telefónica iba a comenzar a incrementar el ancho de banda de 3 a 6 Mbits, de forma gradual, a todo cristo viviente (pagando 3 € adicionales en concepto de antivirus). Todo “cristo viviente” que ya tuviese 3 Mbits, claro. En mi caso no pudieron actualizar desde 2 Mbits en su momento, así que, teóricamente, tengo (o mejor dicho, tenía) contratado un ADSL de ese caudal a la espera, cuando ellos decidan, de mejorar la infraestructura en la zona donde vivo.
Criado leyendo El Jueves y secreto admirador del Profesor Cojonciano, cuando apareció el fanzine de la escuela de informática, “Eyaculación digital”, tuve ganas de intentar crear y mantener un personaje de cómic. Hice un par de intentos, pero no llegué a publicar ninguno. Soy realmente malo dibujando, así que le evité al resto de los mortales que sufriesen mis trazos.
Rebuscando entre las toneladas de papeles que mi Síndrome de Diógenes y yo han acumulado durante tantos años, tropecé con uno de los intentos de hacer algo decente.
De siempre he querido tener objetivos de esos que llaman ultra gran angulares y, aunque suene muy extraño, los quería, además de para lo típico de este tipo de lentes, para experimentar con retratos.
El objetivo Sigma 10-20 me lo regaló mi mujer con excusa del viaje a Egipto de 2007, antes de pillarme la Nikon D200. Es un objetivo con el que he obtenido buenos resultados, para mi gusto, pese a no ser especialmente rápido o luminoso (se mueve entre una abertura que va desde f:4 a f:5,6).